|
LA
FLOTA DE 1622 << RESTOS DE
EMBARCACIONES <<
PÁGINA PRINCIPAL EN EL ESPAÑOL / PÁGINA
PRINCIPAL
EN
EL INGLÉS

La
flota de 1622
Los
galeones Nuestra Señora de Atocha y Santa
Margarita de la flota del 1622
El
4 de septiembre de 1622 la flota Tierra Firme de
veintiocho embarcaciones partió de La Habana camino a
España. En ella se cargaba la riqueza de un imperio;
plata de Perú y México, oro y esmeraldas de Colombia,
perlas de Venezuela. Cada embarcación llevaba su
tripulación, soldados, pasajeros y todos los materiales
y provisiones necesarios para un viaje exitoso. El día
siguiente, al entrar al Estrecho de la Florida, la flota
fue alcanzada por un huracán. La mañana del 6 de
septiembre, ocho de estas embarcaciones yacían en el
fondo del mar en trozos esparcidos desde Marquesas Keys
hasta Tortugas. En ellos se encontraban los tesoros de
América y las historias sin contar de muchos marineros
y soldados,
miembros de la nobleza y del clero españoles.
Nuestra
Señora de Atocha, la cual estaba muy armada, navegaba
como el almirante, o retaguardia de la flota. Como tal,
seguía al resto para prevenir un ataque de la flota por
detrás. Para mayor protección, llevaba el nombre del más
sagrado de los santuarios de Madrid. Había sido
construida para la corona en La Habana en 1620 y pesaba
550 toneladas. Tenía 112 pies de eslora, 34 pies de
manga y 4
pies de calado. Llevaba
palos trinquetes y mayores con velas cuadras y un palo
de mesana con vela latina. Atocha tendría el castillo
de proa alto, combés bajo y castillo de popa alto de un
galeón típico de comienzos del Siglo XVII. Había
hecho solamente un viaje previo a España, durante el
cual su palo mayor se quebró y tuvo que ser reemplazado.
Para el viaje de regreso de 1622, Atocha llevaba un
cargo que actualmente es difícil de concebir -- ¡24
toneladas de plata en 1038 lingotes, 180,00 pesos en
monedas de plata, 582 lingotes de cobre, 125 barras y
discos de oro, 350 cofres de índigo, 525 fardos de
tabaco, 20 cañones de bronce y 1,200 libras de platería
trabajada! A esto se puede añadir artículos pasados de
contrabando para evitar impuestos y joyas y bienes
personales no registrados. Ciertamente, todo esto
constituía un tesoro de la talla de cualquier otro
acumulado seguro.
Nuestra
Señora de Atocha se hundió con 265 personas a bordo.
Solo cinco de ellas, tres marineros y dos esclavos,
sobrevivieron al aferrarse del tocón del palo de mesana,
que fue la única parte del galeón naufragado que no se
hundió. Los socorristas trataron de entrar al casco
sumergido, pero encontraron las escotillas firmemente
aseguradas. Los 55 pies de profundidad del mar eran
demasiado para permitir que trataran de abrirlas. Señalaron
el lugar donde zozobró y pasaron a rescatar a la gente
y el tesoro de la Santa Margarita y Nuestra Señora del
Rosario, otras embarcaciones que también sucumbieron a
la tormenta. El 5 de octubre, un segundo huracán azotó
la zona y destruyó aún más los restos del Atocha.
Durante los siguientes 60 años, equipos españoles de
salvamento buscaron el galeón, pero nunca encontraron
rastro alguno. Parecía que había desaparecido para
siempre.
En
1969, Mel Fisher y su tripulación de Treasure Salvors
inició la asidua búsqueda del tesoro del Atocha, la
cual duró de dieciséis años. Utilizando deflectores
en sus hélices para mover la arena que habían
inventado, los cuales llamaban “buzones”, y magnetómetros
de protones especialmente diseñados, se pasaron años
siguiendo el rastro de los elusivos restos, en ocasiones
sin encontrar nada durante meses, para luego encontrar
pedacitos de tesoro y artefactos que tentadoramente
indicaban la proximidad de la nave y su cargamento.
En
1973, se encontraron tres lingotes de plata cuyos pesos
y numeración correspondían al manifiesto del
Atocha, el cual había sido copiado del original en
Sevilla. Esto verificó que Fisher estaba cerca al filón
principal de los restos de la nave.
En 1975, su hijo Dirk encontró cinco cañones de
bronce cuyas marcas concluyeron la identificación del
Atocha. Apenas unos cuantos días más tarde, Dirk y su
esposa Angel y el buzo Rick Gage murieron cuando una de
las embarcaciones de salvamento zozobró. A pesar de
ello, Fisher y su intrépido equipo perseveraron.
Para
1980, habían encontrado una porción significativa de
los restos del Santa Margarita, junto con una fortuna en
barras de oro, joyas y monedas de plata. El 13 de mayo
de 1980, el hijo de Fisher, Kane, descubrió una sección
completa del casco de madera del Margarita bajo el peso
de las piedras de lastre, obuses de hierro y artefactos
de España del Siglo XVII. El 20 de julio de 1985, Kane
Fisher, capitán de la embarcación de salvamento
Dauntless, envió un jubiloso mensaje a la oficina de su
padre, "Guarda las cartas. ¡Encontramos el filón
principal!" La eufórica tripulación describió su
hallazgo como un arrecife de barras de plata. Al cabo de
días, las marcas del fletador en los lingotes fueron
verificadas con el manifiesto del cargamento del Atocha,
lo cual confirmó la afirmación triunfal de Kane.
Finalmente, se había encontrado el filón principal de
los restos – y comenzó la excavación de lo que comúnmente
se denominaba “los restos de la nave naufragada del
siglo”.
Rápidamente,
Duncan Mathewson, el arqueólogo principal de Mel
Fisher, reunió un equipo de arqueólogos y
conservadores de todo el país para garantizar que los
artefactos y el tesoro fueran debidamente excavados y
preservados. Ya que había yacido en el fondo del mar
durante tres siglos y medio, gran parte de él se
encontraba en un estado inestable. La preservación
inmediata era necesaria para prevenir su destrucción
una vez que saliera de su tumba de agua salada.
Actualmente,
los artefactos y tesoros del Atocha y Margarita
constituyen la parte principal de la colección del Mel
Fisher Maritime Heritage Society Museum. Entre los artículos
encontrados entre los restos se encuentran una fortuna
en lingotes y monedas de oro y plata que estaban
destinadas a los cofres de España; un cinturón de oro
sólido y un collar engastado con piedras preciosas; un
cáliz de oro diseñado para prevenir que los que
tomaban de él fueran envenenados; una placa de oro con
elaboradas decoraciones; una cadena de oro que pesa más
de siete libras; una multitud de esmeraldas de
contrabando, entre ellas un impresionante cristal
hexagonal sin cortar de 77.76 quilates que los expertos
han determinado proviene de la mina Muzo en Colombia;
joyas religiosas y seculares; y platería.
Lo
que al final de cuentas quizá sea más importante, con
el tesoro se encontró un sinnúmero de artículos que
brindan un entendimiento de la vida durante el Siglo
XVII, particularmente la vida marítima: excepcionales
instrumentos de navegación, armamentos militares,
herramientas de diversos oficios, recipientes de cerámica,
loza y hasta semillas e insectos. Una porción del casco
inferior del Atocha fue examinada y luego recuperada
para ser guardada en una laguna protegida de Florida
Keys Community College, lo cual lo pone a la disposición
de investigadores interesados. Tras un largo proceso de
conservación, los muchos artefactos de Nuestra Señora
de Atocha y Santa Margarita ahora son parte de una
exhibición permanente en el Mel Fisher Maritime Museum,
una entidad sin fines de lucro. Aproximadamente 200,000
personas visitan el museo de Key West anualmente para
maravillarse ante ellos y festejar el triunfo del espíritu
humano que representa su recobro.
La
flota de 1622
Henrietta
Marie
Los
restos del St. John's en Bahamas
Envíenos un mensaje de
correo electrónico a info@melfisher.org
|